Me inscribí en el gimnasio,
un poco por seguir a mis amigos y, la verdad, al principio
no me agradaba demasiado la rutina de las pesas; pero,poco
a poco le fui agarrando el gusto, sobre todo cuando empecé
a notar como crecían y se marcaban los músculos
de todo mi cuerpo...
Siempre había tenido un cuerpo bien formado, gracias
a la natación y a mi afición por correr
olas pero, luego de unos meses en el gimnasio mis hombros,
mi pecho, mis brazos y piernas lucían como jamás
lo hubiera imaginado.
Al parecer, mis genes eran los adecuados para dedicarme
al fisicoculturismo, o al menos así me lo aseguró
Sergio, el nuevo instructor , quien se mostró muy
interesado en dirigir mi entrenamiento con miras a participar
en los campeonatos locales. Nuestra primera meta fue un
concurso a nivel distrital, para juveniles como yo. Tenía
19 años entonces.
Sergio por su parte, tenía 32 años, ojos
verdes, pelo castaño, era de mediana estatura y
con un cuerpo delgado pero muy fibroso de piel trigueña.
Ah! y soltero. Yo no era precisamente inocente en lo que
se refiere al sexo con hombres. Había tenido relaciones
con travestis y, ocasionalmente me habían pagado
por sexo pero no me identificaba como gay. Lo hacía
por diversión y siempre "como hombre".
Comencé a entrenar en serio, cuidando estrictamente
mi dieta y siguiendo rutinas especialmente diseñadas
por mi instructor. También empecé a usar
anabólicos.
En el campeonato distrital gané sin dificultades.
Había logrado desarrollar 85 Kg. de músculos,
que distribuidos sobre mi metro setentiocho me hacían
ver en excelente forma. Nuestro siguiente objetivo era
el Campeonato Metropolitano y a eso nos dedicamos durante
los siguientes cuatro meses.
Entre Sergio y yo había surgido una bonita amistad,
que por momentos se volvía demasiado intima. Nos
bañábamos juntos y a veces jugábamos
y nos tocábamos desnudos en la ducha o en el vestidor.
Imagino que muchos habrán pensado que entre nosotros
ocurrían cosas, porque me di cuenta de las miradas
que dirigían hacia nosotros cuando nos veían
juntos. La verdad, en ese momento nuestra relación
era --por así decirlo-- puramente platónica.
El era para mi, una especie de hermano mayor a quien respetaba
y en quien confiaba totalmente.
Sin embargo, en mi interior iba surgiendo el deseo y no
podía evitar tener una erección cada vez
que jugábamos desnudos en la ducha. A el le pasaba
lo mismo, pero ninguno de los dos dijo algo.
Sergio controlaba cada momento de mi vida --al menos lo
intentaba-- y me convenció que no debía
tener sexo hasta después del campeonato. "Nada
de sexo. Ni siquiera puedes masturbarte ¿entiendes?"dijo
y yo acepté aunque sabía que iba a ser muy
difícil lograrlo.
Volqué toda mi energía en los entrenamientos.
Como el campeonato iba a ser al final del Verano, el periodo
de preparación coincidía con mis vacaciones
de la Universidad así que prácticamente
vivía en el gimnasio con Sergio.
El día de concurso finalmente llegó. Mis
padres y hermano estaban veraneando en el Norte así
que nadie de mi familia asistió. Sólo estábamos
Sergio y yo.
La competencia se realizó en un teatro, cuyas instalaciones
estaban bastante venidas a menos. El lugar para cambiarnos
y esperar era un patio ubicado detrás del escenario.
Nunca me había visto en una situación así,
el anterior concurso se había desarrollado en un
gimnasio. Sergio me apoyó para superar los nervios
y las molestias causadas por la incomodidad.
Cuando entré en el escenario y me vi frente a casi
500 personas y el jurado tuve una extraña sensación.
Me parecía que todos me miraban con deseo, incluso
los otros competidores y de pronto me sentí superior,
me sentí lo máximo. Estaba seguro que nadie
tenía pectorales tan grandes y definidos como los
míos, ni tampoco una cintura tan estrecha, ni bíceps,
ni muslos, ni dorsales tan perfectos como los que había
conseguido con mi esfuerzo y el de Sergio. Tenía
que ganar y así fue. Gané mi categoría
( Juvenil )y pasé a participar de la competencia
general.
Entonces fue otra cosa. Los otros competidores tenían
muchos años practicando el fisicoculturismo y eran
verdaderas montañas de carne casi grotesca. Uno
de ellos medía solo 1.67 m. pero pesaba 90 kg.
Sólo uno de ellos me parecía atractivo y
pude notar que el me miraba también.
Para mi sorpresa los jueces empezaron a llamarnos a los
dos para hacer comparaciones. Parecía que el ganador
iba a ser uno de nosotros. Frente a frente, en las comparaciones,
no pude evitar empezar a excitarme y mi diminuta truza
roja empezó a abultarse. Tener una erección
en ese momento resultaba agradable y molesto a la vez
pero no pude evitarlo y así debí continuar
hasta la rutina libre.
Los jueces llamaron uno por uno a los ganadores. A mi
me llamaron en segundo lugar. El ganó. Me acerqué
a felicitarlo y me abrazó. Nuestros pechos desnudos
y aceitosos entraron en contacto y estuve a punto de no
poder contener la eyaculación. Sólo por
un milagro mi pene hinchado no había escapado de
la lycra que lo sujetaba. Pero mi impresión fue
mayor cuando noté que el también tenía
una erección apenas contenida por su truza azul.
Fue un instante nada más pero tremendamente excitante.
Sergio me acompaño a cambiarme y me invitó
a su casa para festejar con un almuerzo. Una vez en su
casa le pedí su ducha para bañarme ya que
en el teatro no había podido hacerlo y tenía
todavía el cuerpo cubierto de aceite.
Me acompañó a su habitación, me dio
unas toallas y me señaló el baño.
Me desvestí mientras conversábamos. El me
dijo que yo debí haber ganado, que lo merecía,
que tenía el cuerpo más hermoso que jamás
hubiera visto. Mientras decía eso se había
acercado y estaba parado frente a mi, muy cerca.
"Eres realmente lindo Jorgito" agregó
y pellizcó uno de mis pezones. Lo que sentí
fue como una descarga eléctrica que me dejó
aturdido. No dije ni hice nada pero el, acto seguido,
empezó a lamer mis pezones ( que estaban hinchados
y parecía que iban a estallar al no poder contener
lo que parecía hervir en mi pecho), mientras con
sus manos acariciaba todo mi cuerpo. Luego se paró
detrás y mientras con una mano apretaba mis pectorales,
uno por uno, con la otra acariciaba mi pene completamente
endurecido o apretaba mis testículos.
Empezó entonces a acariciar mis nalgas y luego
, con su lengua fue buscando mi ano. Sus acciones habían
hecho que se desbocara mi deseo, un deseo nunca antes
conocido, un deseo que me incitaba a sentir su pene en
mis entrañas. Se puso un condón, lubricante,
colocó mis piernas sobre sus hombros y me penetró.
Fue doloroso al principio pero luego se volvió
fantástico. Sus acometidas me provocaron un orgasmo
y luego otro, esta vez simultáneo con el suyo.
Esa fue la primera vez que tuve sexo como pasivo y marcó
un hecho muy importante. Empecé a reconocer la
posibilidad de que fuera gay. De hecho Sergio y yo nos
hicimos pareja y permanecimos juntos durante dos años
y medio. Pero esa es otra historia...
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